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DOMINGO V DE PASCUA
IV DOMINGO DE PASCUA. Domingo del buen pastor
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AL RITMO DE LOS ACONTECIMIENTOS
Antonio Gómez Cantero
Obispo de Teruel y Albarracín
Miedosa prudencia episcopal
por Antonio Gómez Cantero el 26/04/2020
Me llegan comunicados, vía WhatsApp o al correo electrónico de la diócesis, que me hacen pensar y me preocupan. La verdad que parecen más intrépidas defensas que sosegadas propuestas y siempre disparan contra alguien. Me da la sensación de que hay mucha estrategia interesada encerrada en ellos. Las propuestas son siempre necesarias, y más en este tiempo de grave dificultad, pero deben estar cargadas de creatividad y buena conciencia.
Pero cuando me envían una foto de un numeroso grupo de musulmanes rezando en una terraza, con la queja añadida: mientras que aquí nos han prohibido la Semana Santa… hay gato encerrado. Y no porque la foto malintencionadamente es de Dubái, sino porque aquí nadie ha prohibido la Semana Santa, sino que las cofradías se han adelantado al Gobierno con gran responsabilidad.
Del mismo modo que la mayoría de los obispos, también adelantándonos a las directrices gubernamentales, cerramos nuestras parroquias y no como se está diciendo, porque algunos políticos están aprovechándose del coronavirus para imponer a los cristianos su laicismo radical. El laicismo no se impone. Ni en los países dictatorialmente ateos han podido con las comunidades cristianas, a pesar de los martirios.
*Algún sacerdote me pide que abramos de nuevo las parroquias, no quiero utilizar la palabra iglesia, porque la Iglesia está en cada uno de todos nosotros y sigue abierta. ¡Somos el Cuerpo de Cristo! Aunque no sé si eso nos lo hemos llegado a creer del todo. Seguro que si orásemos un poco más este misterio, seríamos más comunidad, a pesar de que nuestras parroquias permanezcan cerradas a causa de esta imprevista o mal calculada pandemia.*
Esto no es una cuestión de una miedosa prudencia episcopal, sino de una excepcionalidad para preservar la salud pública, de todos. Yo puedo dar libertad para que el párroco que lo desee abra su templo (y estoy seguro de que algunos, por celo, lo harían) pero eso es huir de mi responsabilidad pastoral. Y no me vale que me digan algunas personas: “¡Si abren, Dios nos va a ayudar!”. *Eso es tentar a Dios. Tu responsabilidad es cumplir el quinto mandamiento: no matarás, no te hagas daño a ti mismo ni a los demás.*
Vamos a ver, si yo creo en la vida desde el primer impulso hasta más allá del último suspiro, *¿cómo pensáis que pueda jugar a la ruleta rusa con la vida de los creyentes de estas comunidades que debo presidir en la caridad? ¿O es que no exponer la vida de los creyentes, muchos de ellos ancianos, no es también defensa de la vida? En esto no caben paños calientes.*
A mí, claro, que me duele, que nuestros templos estén cerrados, que no haya celebraciones, que los familiares no puedan despedir a sus seres queridos como siempre hubieran soñado… pero nos tiene que entrar en la cabeza que este es un tiempo de excepción, tiempo de cruzar el desierto, donde no hay nada, ni siquiera un oasis, pues quizás lo que vemos como agua en el horizonte siga siendo un espejismo. Ahora el Éxodo se está haciendo realidad, también para los creyentes es un tiempo de prueba.
Yo no me desanimo, ni pienso que tras estas medidas drásticas dejen de venir los creyentes a celebrar su fe en las parroquias, como piensan algunos. Sería una mezquina desconfianza en la fe de los bautizados. Creo en todos los que formamos parte de este gran cuerpo que es la Iglesia. En el laicado, que son la trama y la urdimbre de nuestras comunidades y de Cáritas y Manos Unidas, así como de nuestros movimientos, asociaciones y cofradías.
En las personas consagradas, que son testimonio de los consejos evangélicos, motor de su entrega. Del diácono permanente y de los sacerdotes, que nos impulsan por su vocación a la vida comunitaria en Cristo. Sé que no tenemos miedo y que entre todos se hará más pública y radiante una Iglesia en renovada conversión.
Y cuando llegue la calma, además de lo que cada comunidad parroquial haga, pienso en una gran Eucaristía, de toda la diócesis, donde celebremos la vida de los que han pasado ya a la otra orilla durante esta tormenta, con sus nombres grabados en un gran cartel, escritos uno a uno, y con tantas velas, signo del Resucitado, como difuntos haya habido, portadas hacia al altar por sus familias, para que quede constancia para siempre, de su fe, en nuestra memoria. ¡Ánimo y adelante!
Antonio, obispo de Teruel
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II DOMINGO DE PASCUA
Una verdad que se toca con las manos y se ve con los ojos...En el Evangelio de hoy Tomás nos muestra que lo importante no es la fe que tenemos nosotros, sino la fe que Dios tiene en nosotros. Por eso nos ha regalado la vida: la nuestra y la suya. El Amor es paciente, todo lo cree todo lo espera... esa confianza que Dios tiene en mí, me acompaña toda la vida. No seas incrédulo, cree en ese Amor, incondicional, gratuito, para siempre. Ánimo y esperanza 🙏
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DESDE EL MOVIMIENTO DE JÓVENES RURALES CRISTIANOS
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Hoy es un día de silencio, al pie de la cruz y del sepulcro. La cruz sigue siendo importante hoy. En su brazo horizontal podemos escribir los nombres de tantos crucificados... los que viven la guerra, los expulsados de su tierra, los que buscan refugio en otros lugares, los explotados... los enfermos. Y la humanidad golpeada por la pandemia... Y... y... son muchos los rostros del dolor...
En el brazo vertical encontramos la mano tendida de Dios. Que salva, sana, conforta, ayuda, protege, perdona....Todo esto lo simbolizamos en esas mascarillas que representan el esfuerzo de proteger y cuidar, expresión de una fraternidad universal basada en la dignidad humana.
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Una sugerencia... qué tal si todos el domingo, 5 de abril, por la mañana, pusiéramos una rama en la puerta de la casa o en la ventana, para celebrar con fervor el domingo de Ramos.
Podría ser cualquier rama verde que consigas.
Esto serviría para, a pesar del aislamiento social, estar conectados en las ceremonias de la Semana Santa.
Quien se une?
Estamos aislados pero nunca separados... unidos con la iglesia de Cristo!
Somos la Iglesia.
¿Y TÚ TE UNES?
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MEDITACIÓN DEL PAPA EN LA BENDICIÓN
URBI ET ORBE
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VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. Ciclo A.
Eclesiástico 15,20. Leemos…
Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad… Ante los hombres están la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera… Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre… A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.
Reflexionamos:
El Eclesiástico es un libro de los años 130-125 antes de Cristo. Recoge las enseñanzas de un maestro, Jesús hijo de Sira (Hacia 180 a.C.). La tarea recopilatoria la hace su nieto. Es un libro muy apreciado por la primera Iglesia, que podía ser leído en las asambleas, por eso se le llama Eclesiástico. En él no hay unidad. Son enseñanzas variadas, para los jóvenes de las familias ricas de Jerusalén. Les atraía la cultura griega y el autor les ofrece la tradición judía. Aparecen tres temas: la sabiduría (que el libro relaciona con la Ley, de modo que la sabiduría equivale a la meditación de la ley de Moisés); el temor de Dios (sin espíritu religioso no hay sabiduría); la Creación (Dios es autor y guía del Universo). Recoge la experiencia de los viajes y la vida, manifiesta la presencia de la sabiduría en la vida y la naturaleza…
En el texto de hoy expone la idea de la libertad de elección que se da en el ser humano, como dejan de manifiesto las expresiones en negrita. No cabe el fatalismo ni el determinismo: ni los astros, ni el destino, ni los demás…nada nos obliga a hacer el mal. Podemos elegir entre “fuego y agua”,como se dice en otro lugar del texto.
Salmo 118: Dichoso el que camina en la ley del Señor.
I Corintios 2,6-10. Leemos…
Hablamos de sabiduría entre los perfectos…una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos de nuestra gloria…. Ninguno de los príncipes de este mundo la conoció, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria…Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.
Reflexionamos…
La de Corinto es una comunidad compleja, que viene del paganismo. En ella se dan facciones. Pablo se enfrenta al grupo de los espirituales, que decían que estaban sin pecado; esta doctrina minaba la enseñanza del apóstol. Se trata de una sabiduría humana (a la que ya aludió la semana pasada). Frente a ella, él presenta la sabiduría de Dios. Esta sabiduría de Dios se manifiesta en Cristo crucificado. La carta es del año 53.
Mateo 5, 17-37. Leemos…
No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud… El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos…Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos… Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos…
Habéis oído que se dijo: “No matarás”… pero yo os digo…
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”….pero yo os digo…
Habéis oído que se dijo: “No jurarás en falso”… pero yo os digo…
Reflexionamos…
Acusan a Jesús de presentar una doctrina herética. Él asegura que no ataca la Ley y los Profetas, sino que los interpreta radicalmente, no como hacen los escribas y fariseos. Así hacían los profetas, que distinguían entre lo esencial y lo secundario en la relación con Dios. Claro que…¿qué es lo secundario?
Jesús rehúye el legalismo, representado por los escribas. Es una postura que busca la seguridad humana y la religiosa: mientras más normas, más seguridad, menos duda. Esto lleva al riesgo de quedarse en la letra, sin ir al espíritu, que es más exigente. Cumplir la ley a rajatabla puede llevar a machacar al prójimo, a quien no la practica de ese modo.
Para superar esto, Jesús va a contraponer casos concretos de la Ley, con lo que él mismo dice. Esto suena a blasfemia en la comunidad judía. Se centra, en lo que hoy tratamos, en tres mandamientos, a los que da un sentido de radicalidad: no se trata de no matar, sino de vivir sin ira, sin insulto, sin calumnia…; no se trata de no adulterar con el cuerpo, sino de no desear a una mujer casada. En esto coincide con algunos pensadores judíos: “…el que ha cometido adulterio con sus ojos también se llama adúltero”; no se trata de no decir juramentos, que Jesús considera una falta de respeto a Dios y una estupidez. Al jurar, invocamos algo que no nos pertenece, de lo que no podemos disponer. Hay que moverse en una honradez y sinceridad tan absolutas que baste decir “sí” o “no”.
V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Isaías 58,7-10. Leemos…
… parte tu pan con el hambriento…hospeda a los pobres sin techo… cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos.
Entonces… surgirá tu luz como la aurora; se curarán tus heridas; anti ti marchará la justicia; detrás de ti (marchará) la gloria del Señor.
Entonces…clamarás al Señor y te responderá; pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.
…(cuando) alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia…ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida…
Entonces…brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.
Reflexionamos…
Hay una lista que nuestra la perfección de la caridad (son 7 acciones, el 7 es la perfección en la mentalidad judía): ayudar al hambriento (2 veces), a los pobres sin techo, al desnudo, a los tuyos, desterrar opresión, el dedo acusador y la calumnia, saciar el alma afligida.
Y a esta lista se corresponde otra de perfección en la recompensa: luz (dos veces), curar heridas propias, justicia, gloria del Señor, respuesta al propio clamor, respuesta a la petición, luz como mediodía.
Estamos a fines del s. VI a.C. Un tiempo de injusticias sociales, con una fe religiosa perdida, con corazones rotos. Se vive el riesgo de convertir en mecanismos vacíos las prácticas religiosas, como el ayuno. El profeta nos invita a interiorizar los motivos: tienen que salir del corazón y de una verdadera justicia.
La ayuda incluye muchos aspectos: lo material (hambrientos, desnudos); lo íntimo personal (afligidos); lo familiar (los tuyos); lo social (opresión, calumnia).
Salmo: El justo brilla en la tiniebla como una voz.
I Corintios 2,1-5: Leemos…
El misterio de Dios…
NO es… sublime elocuencia o sabiduría…preciarse de saber…persuasiva sabiduría humana…fe que se apoya en sabiduría de los hombres.
SINO que es… Jesucristo crucificado… débil…temblando de miedo…manifestación y poder del Espíritu…poder de Dios…
Reflexionamos…
La comunidad de Corinto es una comunidad dividida y confusa. ES una comunidad marcada por la fragilidad humana: es una ciudad de 600000 hab., con dos tercios de ellos, esclavos. Y la comunidad cristiana está formada en su mayoría por esclavos. Hay división social en el seno de la comunidad. Se les invita a centrarse en Jesucristo crucificado.
Frente a la sabiduría humana vemos la acción de la Trinidad: Jesucristo crucificado, poder del Espíritu… poder de Dios.
El evangelizador no debe basarse en sus fuerzas ni en su sabiduría humana, sino en la fragilidad propia y en la fragilidad del anunciado (Jesucristo),que, sin embargo, son expresión del poder del Espíritu y del poder de Dios.
Mateo 5, 13-16. Leemos…
… sois la sal de la tierra…pero si se vuelve sosa, no sirve más que para tirarla… sois la luz del mundo… pero… no se enciende para meterla bajo el celemín…. Sino para ponerla en el candelero… Brille así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.
Reflexionamos…
Se nos muestran dos peligros del discípulo: perder energía (sal sosa), ocultar la energía (luz escondida). Se pierde energía por las preocupaciones del mundo, por la seducción de las riquezas (hoy expresada por el materialismo, el consumismo…). Se conserva la energía, según la práctica de Jesús, con la oración y el contacto con el prójimo.
Aparece por primera vez la expresión “vuestro Padre”, que consta 17 veces en el Evangelio. Introduce a los discípulos en un ambiente de intimidad con Dios. No es una comunidad meramente humana, es una familia congregada en el nombre de Dios.
Jesús muestra la necesidad del testimonio, que es lo que hace reaccionar a la sociedad que no cree en ideologías. Esto nos remite a la práctica de la caridad, como hemos visto en la primera lectura, y muy especialmente, en este Domingo de la Campaña contra el Hambre de Manos Unidas.
PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
Malaquías, 3,1-4. Leemos en este texto…
Voy a enviar a mi mensajero para que prepare el camino ante mí… Llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando… y el mensajero de la Alianza… Es como fuego de fundidor… refinará a los levitas… acrisolará como oro y plata… Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén.
Malaquías significa precisamente “mensajero de Yahveh”, o sea, de Dios. Se trata de un escrito de mediados del siglo V a.C., destinado a reanimar a la decaída comunidad judía del postexilio. El pueblo está desanimado, al ver que las antiguas promesas de Dios no se cumplen; esto le hace dudar de la justicia, el amor y el interés de Dios por ellos. El libro recoge un diálogo entre el profeta (y Dios) por una parte; y los sacerdotes y el pueblo por otra; es un esquema muy didáctico, de preguntas y respuestas. En sus textos se denuncia el culto sacerdotal, que se hace mal, con desgana; se critica la realidad social, con muchos matrimonios mixtos (con personas de otras religiones) y divorcios, lo que se considera una infidelidad hacia la ley. Dios no acepta una vida inmoral disimulada con ofrendas en su honor. Por otra parte, anuncia el día de Yahveh, de Dios. Habrá juicio para los pecadores y triunfo para los justos. Esto sirve de respuesta a la pregunta de si vale la pena ser justos. Creer en Dios es el principio de la bendición, la vida y la paz. Vendrá el Mesías, y el profeta Elías será su precursor (la comunidad cristiana ve en este precursor a Juan Bautista, porque así lo aseguró el mismo Jesús).
Salmo: El Señor, Dios del universo, Él es el rey de la gloria.
Hebreos, 2,14-18. Leemos en esta carta/homilía del año 60…
También participó Jesús de nuestra carne y sangre… aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, esto es , al diablo… liberar… a los que pasaban la vida como esclavos… Tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles… Tenía que parecerse en todo a sus hermanos,para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel… Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación puede auxiliar a los que son tentados…
El autor de esta carta conoce muy bien el Antiguo Testamento, la predicación de san Pablo… y es el que mejor escribe en griego de todo el Nuevo Testamento. ¿Puede ser Apolo, uno de los primeros evangelizadores, mencionado precisamente el domingo pasado? Se encuentra frente a una comunidad desanimada, judíos residentes en Roma, que quizá están sufriendo la persecución de Domiciano… y se plantean si no es mejor volver a las antiguas tradiciones de sus mayores. El autor se empeña en demostrar la superioridad de Jesús sobre los ángeles y el mismo Moisés, legislador del Antiguo Testamento. Y sobre los sacerdotes judíos. Los primeros cristianos no vieron a Jesús como un sacerdote (fue crítico con ellos). Pero en verdad Jesús celebró su Pascua ofreciéndose a sí mismo. Jesús es el verdadero nuevo sacerdote, ya que la ley anterior era provisional. Y vive su sacerdocio desde la semejanza con los redimidos.
Lucas 2, 22-40. En el Evangelio leemos…
Según la ley de Moisés ( presentación del niño)…de acuerdo a lo escrito en la ley del Señor… (entregar la oblación por el niño)… como dice la ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones…
Simeón, hombre justo y piadoso, aguardaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba con él… revelado por el Espíritu… impulsado por el Espíritu fue al templo… para cumplir lo acostumbrado según la ley… tu Salvador… luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel… signo de contradicción… se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones.
Ana… no se apartaba del templo… a los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Cumplieron lo prescrito por la ley del Señor.
Se menciona cinco veces que se cumple la ley del Señor. Por otra parte se menciona a Simeón, un hombre justo (lo mismo se había dicho sobre José) y Ana, profetisa. Los dos están vinculados al templo. La mujer no se aparta del templo, Simeón va allí impulsado por el Espíritu Santo.
Estamos ante dos comunidades desanimadas: la de Israel posterior al exilio (1ª lectura) y la de los primeros cristianos (2ª lectura). No se cumplen las viejas promesas, se lamentan los primeros. En consecuencia, no se vive bien el culto, la vida se degrada, se hace inmoral. Frente a tanta desolación, surge la promesa de un Mesías, que intervendrá en nombre de Dios.
La segunda comunidad vive el desánimo de que no se cumplen las nuevas promesas, se plantean volver al viejo culto, a las viejas tradiciones, que les daban más seguridad. Pero el autor anima a descubrir a Jesús, el nuevo sacerdote, misericordioso, semejante a los redimidos, no separado de ellos, sino hermanado con ellos.
Ese Mesías semejante es el que descubrimos en la fragilidad del niño presentado por sus padres en el templo, asumiendo la vieja ley judía. Es uno más del pueblo. Del pueblo pobre (su ofrenda es la de los pobres). Es un niño que crece, que se robustece, que crece en sabiduría y en gracia de Dios. Es un niño que traerá SALVACIÓN, LUZ PARA LAS NACIONES, GLORIA PARA ISRAEL (Simeón) y LIBERACIÓN A JERUSALÉN (Ana).
Las comunidades desanimadas encuentran su consuelo, su fuerza, su sentido y su futuro en Jesús, el niño frágil de Belén, que sus padres presentan como uno más en el templo, como la mejor ofrenda al Señor.
TENTACIONES QUE ACOMPAÑAN EL CAMINO DE JESÚS
(Y EL DE SUS SEGUIDORES).
1.Introducción.
El Evangelio nos trae el recuerdo de las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto (Mt 4, 1-11) : aprovecharse de su condición de Hijo de Dios, adorar al demonio con tal de tener poder…
Pero hay otras tentaciones, que subyacen a lo largo del recorrido vital de Jesús, que nos acompañan también en nuestro peregrinar en la fe.
2. Irse a casa.
Justo después de las tentaciones Mt nos dice que Jesús se retira a Galilea. Lo hace después de saber que han detenido a Juan Bautista (Mt 4,13). Esa retirada a Galilea nos recuerda la que, unos años antes, vivió Jesús como niño (Mt 2,22). En ese momento la decisión la tomó José, ante el temor de que Arquelao, hijo de Herodes (Mt 4, 22) pudiera volver a atentar contra el niño, como lo había intentado el padre (Mt 4,13). Ambas decisiones son decisiones políticas: temor ante la represión de una dinastía familiar tiránica. No olvidemos que Juan fue detenido no solo por la denuncia sobre Herodías, sino también “por todos los crímenes que Herodes había cometido” (Lc 3, 19).
Pero hay diferencias: José se retira a un lugar oscuro y desconocido, como corresponde a un padre que quiere ocultar a su hijo. Jesús no vuelve al pueblo pequeño y desconocido, sino que se marcha a Cafarnaún. Se trata de un lugar pesquero, comercial, nudo de comunicaciones, paso de caravanas: Jesús sale a buscar a la gente, sale al encuentro de su pueblo. La tentación era fácil: no meterse en problemas, al contrario que Juan. No enredar, porque podemos salir damnificados.
Ante los problemas, nos acecha la tentación de recuperar nuestras zonas de confort, de seguridad…¿La solución es replegarse o salir? El papa Francisco nos dice que hay que salir. ¿Qué hubiera sido del Reino si el profeta de Nazaret se va a su pueblo a esperar que la gente vaya a buscarlo? Jesús se va a Cafarnaún y allí busca discípulos: pescadores, recaudador de impuestos ( Mt 5, 1-11. Mt 5,27-35). Con lo que, de paso, junta a viejos enemigos. El recaudador y los pagadores de impuestos.
A lo largo del ministerio sabemos, sin embargo, que hay gente que abandona el camino: alguno no llega ni a incorporarse, como el joven rico (Mc 10, 17-22), que recibe una invitación expresa, que declina…; y muchos dejan a Jesús tras uno de sus grandes milagros, la multiplicación de los panes (Jn 6,66) . Hasta el punto que Jesús tiene que preguntar al resto si ellos también quieren irse (Jn 6,67). La tentación de irse a casa es permanente, no abandona al discípulo, acompaña el camino del maestro…¡Qué tiempos gloriosos en los que todos buscaban al Señor (Mc 1,37 ), que no le dejaban ni tiempo para comer (Mc 3,20); ni espacio para la vida comunitaria tenían: quiere Jesús hablar a solas con los suyos y se encuentra con una muchedumbre que anda como oveja sin pastor, y se acaba de golpe el tiempo para las confidencias: se pone a enseñar con paciencia, como el Maestro que es (Lc 9, 10-11).
¿Añoramos los momentos masivos, los momentos en los que no teníamos tiempo para nosotros, para nuestra comunidad? Cuando llega el momento del vacío, del silencio, de las despedidas…¿qué hacer? ¿Volver a casa o salir a Cafarnaún?
2.Hacer caso a los sensatos.
Tenemos ya a Jesús en su tarea ministerial, Maestro que predica y sana: expulsa demonios, cura a un leproso, a un paralítico, discute sobre el ayuno con los fariseos, se salta la ley del sábado, cura a un hombre con una mano paralizada; la muchedumbre lo sigue, elige a doce entre ellos…¡va todo perfecto! La apuesta de Cafarnaún ha salido bien. Pero…¿no se estará pasando? ¿Es esto lo que se esperaba de él? Parece que no:
Mc 3,21: Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
La oposición viene del círculo más íntimo que uno tiene, lo que más puede afectar al corazón y la afectividad, el equilibrio… A eso se une que los escribas lo acusan de estar endemoniado (Mc 3,22 ss.).
Su actuación escandaliza (no ayuna, no respeta el sábado); además, asusta, porque lo que está surgiendo con él es un nuevo Israel. Entonces, ¿qué va a pasar con el antiguo Israel, el de toda la vida, el de siempre, el único que había conocido aquella gente? ¿Es que hasta entonces habían estado equivocados? Y el templo, la ley, las costumbres, las romerías tradicionales, las disposiciones complementarias…¿también eran un error? Frente a todo esto, lo mejor es concluir que ese hombre está loco.
Y no será la única vez.
Se reirán de él cuando acude a casa de Jairo y dice que su hija no está muerta, sino que duerme. Lo sensato no es una religión de resurrección y de vida, sino de muerte y lástima.
Se reirán de él en la cruz, invocando un mesianismo grosero y materialista: “Sálvate a ti mismo, baja de la cruz” (Lc 23,35-36). Lo sensato es respetar el templo y sus normas, el sanedrín y su estructura, la distribución de papeles entre los romanos, los judíos, Herodes…
Herodes….el que mató a Juan por el capricho de un baile, se burla de Jesús. Es la máxima expresión de una mundanidad vulgar, de bajas pasiones, de violencia contenida (Lc 23, 11).
La tentación de la sensatez rodea a Jesús constantemente. ¿Qué hacer ante una multitud hambrienta? Pues decirle que se vayan por ahí, que se busquen cada uno la vida. Una cosa es predicar, cosa que acaban de hacer los discípulos con alegría y fruto (Lc 9, 10) y otra dar trigo o pan (Lc 9,12).No hay pan para tanta gente. Como hoy no hay Europa para tanto inmigrante; como no hay recursos para tantos países; como no hay cariño para tantos ancianos o para tantos débiles, como los enfermos mentales o los discapacitados…
3. Mirar bien el suelo que pisas.
El caso de la multiplicación de los panes es significativo. Se produce al menos un par de veces, pero los discípulos no acaban de pillarle el sentido. De hecho ellos optan por una sensatez que roza el oportunismo. Tienen claro que Jesús ha venido a estrenar un reino. ¿Y qué necesita un reino? Gobernantes, buenos ministros que acompañen y aconsejen al rey. Ahí están ellos para ofrecerse a ocupar los puestos. Y aunque no se atreven a decirlo así, tan descaradamente, ya se encarga la madre de los Zebedeos de recomendar a sus hijos, para estar a derecha e izquierda del Señor. Y cuando este les hace un pequeño casting, un formulario básico para ver la idoneidad para el puesto proclaman que están capacitados para beber el cáliz que el Señor va a beber (Mt 20,20-28).
Lo curioso del asunto es que los otros diez se enfadan con los dos aspirantes a ocupar los primeros puestos del reino de Jesús. Son muchos los candidatos para tan ingratos menesteres. Lo sensato es construir el reino desde arriba, ocupar los puestos decisorios en la sociedad, tomar las grandes determinaciones. Pero Jesús no se deja aprisionar por los esquemas de la sensatez. Porque si nos convertimos en seres como los grandes, acabaremos oprimiendo al pueblo y encima exigiremos que nos traten como a benefactores. Jesús pide a los suyos que abandonen ese esquema de sensatez y se conviertan en servidores de los demás, como él mismo lo fue. El gesto sublime de lavar los pies no es precisamente la máxima expresión de sensatez, sino un nuevo rasgo de “locura” divina.
Porque si caminamos solo manejando bien el suelo que pisamos, ¿quién va a encontrar a Zaqueo? ¿Quién iba a pensar que encaramado en un árbol iba a estar ese hombre? (Lc 19,1-10) Que no es un hombre cualquiera, es el jefe de los publicanos. Y Jesús, que no mira solo al camino para no caer en un hoyo, cae en la cuenta de Zaqueo, que lo está buscando, que lo necesita… y que experimentará un cambio radical en su vida. Y Jesús va a su casa, come con él y sus amigos… y entonces sí toca mirar a lo concreto, a la vida que se toca. En esa vida Zaqueo ha abusado de gente, se ha aprovechado de ellos, se ha enriquecido a su costa. Y su conversión pasa no por sacrificios, holocaustos, oraciones y rituales, sino por lo concreto, lo que se ha pisado y pisoteado. Por eso la conversión de Zaqueo se traduce en dinero. Dinero muy multiplicado. Porque a lo que estaba obligado era a devolver el dinero robado y un diezmo del mismo. Pero este hombre devuelve mucho más: cuatro veces más. Además de darle la mitad de sus bienes a los pobres. Son muchos intereses.
4.¿Qué hace este hombre hablando con una mujer?
Una vez más vemos la sensatez de los apóstoles en Jn 6,27. Cuando vuelven de buscar alimento en la ciudad se lo encuentran hablando con una mujer. Y se extrañan de ello. Lo sensato es hablar con el cabeza de familia, con el varón. Las mujeres tienen su lugar… su segundo puesto en las celebraciones, reuniones, etc.
La samaritana es un personaje clave. Por samaritana, y por mujer. Los samaritanos son descendientes de unas tribus que puso Asiria en Samaría, para colonizar el terreno y sustituir a los verdaderos habitantes judíos. Esas tribus venían con sus propios dioses, que mezclan con el culto a Dios. Esa mezcla está siempre presente en sus vidas, aunque pasen generaciones. Con lo que Dios no acaba de ser en verdad, de todas, todas, el marido del pueblo de Israel. Es como la samaritana… que ha tenido cinco maridos, y el actual no lo es tampoco.
Pero a esta mujer revela Jesús quién es: el Mesías esperado: Soy yo, el que habla contigo.
Del mismo modo, a una mujer le revela Jesús que él es la Resurrección y la vida. (Claro, que ya dijimos que esto no es muy sensato, es mejor optar por la muerte). Jn 11, 25.
Del mismo modo, unas mujeres son las testigos privilegiadas de la Resurrección y las encargadas de anunciarla a los sensatos varones, que no las creerán, claro. “Delirios de mujer”.
Las mujeres están capacitadas para seguir a Jesús, como los varones. Ahí está María Magdalena; y ahí están otras mujeres, que van el camino adelante con Jesús. (Mc 8, 1-3).
Pero es que además, vemos que las mujeres, como antaño hicieron Abraham y Moisés con Dios, se encargan de discutir con Jesús, de “negociar” con él.
-La sirofenicia, una extranjera, una creyente de otra religión, por tanto excluida e impura, que no se contenta con la primera negativa de Jesús y consigue su acción sanadora. (Mt 15, 21-28)
-Marta y María, que lo reciben bien, porque son amigas… pero le reprochan la muerte de su hermano Lázaro… “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”.
-La hemorroísa, audaz, que consigue tocar el manto de Jesús, a pesar del gentío. (Mt 9, 18-26)
-La pecadora, que se abre paso en medio del banquete y se pone a sus pies. (Lc 7,38)
Estas mujeres actúan desde la clave de la fe, que Jesús les reconoce: “Tu fe te ha salvado”, les dice una y otra vez: hemorroísa (Mt 9,22); cananea (Mt 15, 28). Les invita a creer: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?”.(Jn 11,40: a Marta).
Son mujeres que actúan desde el amor, y desde el amor conocen a Dios y están tan capacitadas como los discípulos para ser testigos de Jesús, de modo que él mismo dice que lo que ha hecho una mujer anónima, ungiéndolo unos días antes de su muerte, se contará allá donde se predique el Evangelio. Es la única presencia garantizada en toda la galería de personajes que tienen contacto con Jesús. Una mujer. (Mt 26,6-13).
5. La dinámica de la muerte.
Cuando el camino de Jesús es detenido por la muerte, no acaban las tentaciones alrededor suyo y de los apóstoles. Estos, por fin, ceden a la tentación que tanto les ha rondado… y se van… se dispersan… huyen, tras la detención, juicio y muerte de Jesús. Se reúnen de nuevo, pero las noticias de la mañana del domingo de Pascua no los sacan de su miedo y de su encerramiento. Mejor permanecer en casa, encerrados. Las mujeres vienen con un mensaje asombroso. Ellas mismas han pasado por la fase del miedo y la incredulidad, pero vienen a avisar de un encuentro maravilloso que les ha anunciado la resurrección de Jesús. Alguna incluso se encuentra con él (Mt 28,9-10), aunque en un principio teman (Mt 28,9-10) y les cueste reconocerle (Jn 20,14) . Tampoco los varones le reconocerán, ni en la playa, de madrugada (Jn 21,4); ni caminando con él un buen rato, hacia Emaús (Lc 24, 16) . Están instalados en la dinámica de la muerte, y se les hace increíble/imposible asumir la dinámica de la resurrección y la vida.
-Lo mismo les pasa a los criados y vecinos de Jairo, que se ríen, incrédulos, ante las palabras de Jesús, que no hablan de muerte, sino de sueño. (Mt 9,18-26)
-Y Marta y María se empeñan, ante Jesús, en recordar que su hermano lleva cuatro días enterrado. También habla de sueño, de dormir, el Señor. Pero nadie le cree. La dinámica de la muerte es más poderosa. (Jn 11) (Jn 11, 39)
La muerte nos rodea, nos acecha. No solo la física, sino la muerte de proyectos, programas, sueños, esperanzas. Es lo sensato. Las cosas se acaban, se tienen que acabar. Es mejor no soñar con resurrección y vida en abundancia.
La muerte es real, sin duda. Y Jesús lo asume.
-Habla de un grano de trigo que tiene que morir para ser fecundo y dar fruto abundante.
-Habla de un pastor que da la vida por sus ovejas, y dice que ese pastor es él mismo. (Jn 10,11).
-Él entrega su vida voluntariamente, por los suyos.
Pero todo esto, desde la esperanza y la realidad de la resurrección. Es difícil entrar en esa dinámica. Está más a nuestro alcance la dinámica de la muerte, la desesperanza… pero el horizonte último de Jesús es la resurrección y la vida eterna. Es la gran tentación final a vencer: quedarnos instalados en la desolación, la pérdida, el viernes santo, sin esperanzas de resurrección, de vida, de domingo de resurrección.
Caminamos rodeados y acechados por la tentación. Jesús nos anima: “No temáis, yo he vencido al mundo”. (Jn 16,33). Confiemos en Jesús muerto y resucitado y podremos ser sus testigos en medio del mundo, miembros de su Reino y constructores de paz y vida.
III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
TEXTOS DEL DÍA DE NAVIDAD
MISA DE NOCHEBUENA
DOMINGO IV DE ADVIENTO. Ciclo A.
La fe, para los profetas, es más que saber que Dios existe: es confiar en él en los acontecimientos de la vida.
Romanos 1,1-7. La primera parte del texto es como un maravilloso Credo que se despliega poco a poco ante nosotros. Es una exposición magnífica de la fe del cristiano, que podemos meditar paso a paso:
Habla Pablo, que se presenta como siervo de Cristo Jesús. Es decir, del Mesías, del Ungido Jesús. Jesús es, por tanto, el inicio de nuestra fe.
Pablo sigue hablando de sí mismo: llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios. No dejan de salir términos que requieren nuestra reflexión: apóstol (enviado), Evangelio (buena noticia)… y todo ello nos remite al origen: Dios.
También se remite Pablo a la Historia de la Salvación: prometido por los profetas en las Escrituras Santas. Sigamos meditando: los profetas (¿conocemos su mensaje?), Escrituras Santas (¿sabemos leerlas e interpretarlas?). El prometido en las Escrituras se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne. Jesús entronca con la estirpe de David (a través de José, su padre). Pero además de la carne (que es la debilidad)… Jesús es constituido en Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de los muertos. Hablar de Jesús sin hablar de la resurrección no es posible, todo queda a medias. La resurrección transforma a Jesús el profeta, el judío, el enviado… en el Señor. Y así lo dice al final Pablo: Jesucristo nuestro Señor. Ahí queda el retrato de Jesús, perfecto, ultimado.
Y, de paso, la Trinidad entera: Dios tiene una buena noticia; Jesús es el Señor, el Espíritu de santidad es el que le da el poder…
En la segunda parte del texto, Pablo habla de sí mismo: hemos recibido la gracia del apostolado para suscitar la obediencia de su nombre entre los gentiles. Es la conciencia del elegido y enviado, del que no construye su vida sobre sí mismo, sino sobre el cimiento de alguien que lo escoge, lo quiere y le da una misión.
También habla de los romanos: Entre ellos (entre los gentiles) estáis también vosotros, llamados de Jesucristo, los que estáis en Roma. A ellos les dice que son amados de Dios y llamados santos. Y a ellos les desea la gracia de Dios Padre y del Señor Jesucristo.
Un texto para enmarcar en nuestro corazón mediante la reflexión y la oración.
MATEO 1, 18-24. Se acaba el tiempo de Adviento… se acercan ya los días de la encarnación, del nacimiento.
Por eso la Palabra de Dios nos trae la noticia de ese momento, del momento de la encarnación. Hace una referencia a María (desposada con José, hijo de David), pero se centra en la persona de José. Es otro estilo de Anunciación. NO a la madre, sino al esposo de la madre, al que asumirá el papel de padre, el que garantiza la descendencia de David por la vía legal.
Por eso la Palabra de Dios nos trae la noticia de ese momento, del momento de la encarnación. Hace una referencia a María (desposada con José, hijo de David), pero se centra en la persona de José. Es otro estilo de Anunciación. NO a la madre, sino al esposo de la madre, al que asumirá el papel de padre, el que garantiza la descendencia de David por la vía legal.
En Mateo la genealogía que se presenta en el capítulo 1, y el anuncio del nacimiento, en el mismo capítulo, se centran en José, por la garantía legal de descendencia.
Tanto en la primera lectura como ahora en el Evangelio se habla de una doncella o virgen, que tendrán un hijo. De ellas se resalta su virginidad, para resaltar que todo procede de Dios.
Pero ambas lecturas se centran más en la figura del padre. En la primera lectura es Ajaz, el rey, descendiente de David. En el Evangelio es José, descendiente del rey David.
Y también se centran las lecturas en el hijo; sus nombres respectivos son muestra del Dios misericordioso que habita en la historia de los hombres. Isaías nos habla del Enmanuel: Dios con nosotros. Mateo de Jesús: Dios salva.
Dios camina con nosotros, está con nosotros en nuestra historia, en nuestra triste realidad (Israel atravesaba una de sus crisis terribles). En esa historia Dios salva a su pueblo del pecado (e Israel conoce bien sus pecados: la falta de fe, de confianza en Dios; la injusticia, la desigualdad, el abuso del pobre, la tiranía, la opresión, la mentira. No hay que irse a medir nubes del alma: ahí hay pecados sangrantes, dolorosos, angustiosos, terribles).
Isaías 35, 1-6ª.10. De nuevo palabras del profeta del
Adviento, Isaías. El texto refleja el momento de la vuelta de Israel del
destierro en Babilonia. Todo es expresión de alegría. Por una parte, la
naturaleza: el desierto se transfigura en Paraíso. Se incorpora a esa expresión
de alegría. Se acumulan las palabras que lo expresan: se regocijarán, alegrará,
florecerá, festejará con gozo, con cantos de júbilo. El marco exterior es una
pura fiesta.
Pero también lo es el contenido
humano: porque los que regresan lo hacen con cantos de júbilo, alegría sin
límite, gozo y alegría, quedan atrás pena y aflicción.
¿Está nuestra humanidad capacitada
para ser expresión de esta alegría? ¿Lo estamos los cristianos? ¿O más bien
tenemos cara de viernes santo, como dice el papa Francisco?
En ese ambiente festivo hay unas
llamadas serias al compromiso con la comunidad y con la humanidad: “Fortaleced
las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes, animad a los inquietos,
ayudad a no temer…” Es una llamada urgente: en primer lugar, a fortalecernos y
animarnos nosotros mismos… en segundo lugar, a hacerlo con los demás. El tiempo
de Adviento es tiempo de “deporte espiritual”, de fortalecimiento de nuestros lazos
con Dios, con la comunidad, con la humanidad sufriente. Y en esa tarea nos
acompañará la naturaleza. La hermana naturaleza, que podría decir San Francisco
de Asís. Esa hermana a la que hemos herido y maltratado y nos suplica, como
vemos estos días, una atención acorde y una convivencia respetuosa.
Slm . 145.. Ven, Señor, a salvarnos.
Es la súplica de un creyente,
consciente de su debilidad personal y comunitaria, que pone su confianza en el
Señor. Una buena jaculatoria para el tiempo que vivimos, mientras caminamos,
trabajamos, hacemos pequeñas pausas y transiciones en nuestros quehaceres,
encuentros... Y a medida que sembramos esas jaculatorias, abrimos los ojos para ver
qué salvación necesitamos y esperamos en nuestros ambientes.
Santiago, 5, 7-10. Es un escrito atribuido a Santiago, pariente del Señor. Al autor le
preocupa la brecha que hay entre lo que creemos y lo que practicamos. Responde
a problemas candentes (la caridad efectiva, la inaceptable acepción de personas
en la comunidad, la crítica a los demás), e insiste en la necesidad de una vida
auténticamente cristiana. Su estilo recuerda los escritos sapienciales, por sus
consejos prácticos; pero también a los profetas, por su denuncia de injusticias
y su insistencia en la verdadera religiosidad. Plantea la vida según la fe,
frente a las incoherencias. NO podemos separar vida diaria y fe.
El texto de hoy insiste en una
palabra: paciencia (3 veces). Buen consejo para nuestras prisas habituales y
nuestra petición de pruebas de la acción de Dios. Esa paciencia se corresponde
con un anuncio, que para el autor (y
debería serlo para el creyente) es una certeza: el Señor está cerca (idea que
repite, en paralelo, tres veces). El fundamento de nuestra paciencia es la
presencia cercana del Señor, su venia inminente. En ese tiempo de espera,
nuestra vida tiene que ser coherente: no separar fe y acción, vida diaria y fe.
Mateo. 11,2-11.
Este texto es impresionante. Porque Juan, el profeta firme que ha llamado a
Israel a la conversión, el que no ha callado frente a las injusticias de
Herodes, está en la cárcel. Y allí oye hablar de Jesús. Y envía a dos
discípulos a preguntar si Jesús es el Mesías esperado. ¿Dudaba Juan de Jesús?
Sus estilos, en verdad, eran muy distintos. Juan habla de justicia con un
lenguaje duro… Jesús actúa con misericordia en los ambientes más insospechados…
¿Eran los discípulos los que dudaban y Juan quería que se convencieran? El
caso es que se produce la embajada, el envío de los dos discípulos. Recuerda
el envío de exploradores que Moisés hizo para ver cómo era la tierra prometida.
Estos dos van a conocer no ya una tierra nueva, sino un reino nuevo. Un reino
donde se cumplen las viejas profecías de Isaías, ocho siglos antes: los ciegos
ven, los cojos andan… y mucho más… los leprosos quedan limpios, los sordos oyen,
los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. Las promesas se han
cumplido con abundancia desbordante. Todo será así siempre en Jesús… si
convierte agua en vino… 600 litros… si tiene que hablar de un padre que perdona…
una fiesta inimaginable… Todo nos supera y nos desborda. Así es el amor de
Dios… incomparable, inabarcable…
Jesús actúa como los profetas:
primero hace curaciones, luego explica su sentido.
Hicimos el camino estremecidos.
Desde la cárcel el maestro nos
enviaba a Galilea,
a preguntarle al carpintero…
Sus signos, sus palabras, sus obras…
eran desconcertantes, extraños.
“¿Eres tú el que habíamos de
esperar?”
En las palabras de Juan se resumía la
amargura de siglos:
“¿Aún no ha llegado la salvación a
nuestro pueblo?
¿Para eso hemos dejado todo, hemos
abandonado nuestra vida, hemos soportado la burla, la soledad, la cárcel?”
Lo vimos y nos hizo seguirle.
Nuestros ojos contemplaron sus
signos:
vimos llorar de alegría a los ciegos
que recuperaban la vista;
arrojar sus palos a los cojos que volvían a andar;
abrazarse, enloquecidos de vida,
a los padres que recobraban al hijo muerto y
ahora resucitado.
“¿Quién eres? ¿Quién eres?”, latían
nuestros corazones preguntando.
El corro estaba lleno de pobres,
que se sabían personas, hijos amados,
primicias de una humanidad sana y
salvada.
Y nos hizo sus embajadores ante Juan:
“Id y decidle lo que habéis visto y
oído”.
¿Cómo volvernos y apartarnos de allí?
¿Cómo dejar la fuente de agua viva
para volver a la cárcel, antesala de la
muerte?
Pero Juan debía saber, consolarse,
reforzar sus rodillas, que a veces podrían
vacilar,
fortalecer las manos, que a veces
podrían temblar.
Volvimos a Juan, estremecidos de
nuevo.
Pero de alegría y gozo:
“Hemos encontrado al Mesías, Juan:
Dios visita a su pueblo”.
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO. Ciclo A. 1-Diciembre-19.
Isaías. Sin duda es el profeta del Adviento: su predicación anuncia los tiempos mesiánicos. El libro de Isaías tardó en escribirse realmente tres siglos Era costumbre de la época sumar textos, al amparo del prestigio de un autor. Este domingo escuchamos al Primer Isaías (en el libro se distinguen hasta tres Isaías). Estamos en el siglo VIII a.C. Época convulsa de alianzas internacionales de los grandes imperios. El profeta defiende que Israel debe confiar solo en Dios.
Presenta un mensaje universal, para todas las naciones, para pueblos numerosos (frente a la política de bloques y alianzas militares existentes); ese mensaje anuncia la presencia de Dios entre los hombres, para instruirlos y acompañarlos en el camino. El distintivo de la nueva época será la paz y el desarrollo: “De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas”. Hay que caminar a la luz del Señor.
Slm ¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”! Es como la concreción de la lectura anterior: centrar la mirada en la ciudad santa, donde podremos encontrar justicia (“palacios de justicia”), y paz (se repite varias veces el deseo de paz).
Romanos. Es una carta de san Pablo, escrita tras diez años de ministerio misionero. Como una parada para reflexionar los grandes temas. Es el año 58. Se dirige a cristianos a los que no conoce, procedentes unos del judaísmo y otros del paganismo.
Hay que reflexionar sobre la salvación. San Pablo la ve más cerca. Se acerca el día, hay que dejar la noche y sus actividades, viviendo con dignidad y rechazando el mal cotidiano y cercano: comilonas, borracheras, lujuria, desenfreno, riñas, envidias. (Es como si san Pablo supiera bien en lo que iban a degenerar nuestras Navidades; es una broma exagerada).
Mateo. Jesús habla a judíos, con una tradición a cuestas: Noé y el diluvio, pej. Invita a estar atentos y en vela. Porque “cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos”. Hay que estar en vela, preparados.
Enlaza bien con esto la invitación de San Pablo a despertarse. ¿De qué tendrá que despertarse nuestra sociedad? ¿Qué nos adormila, qué nos entretiene, qué nos tiene paralizados y embobados? Sin duda, cada uno tiene sus métodos… pero los hay colectivos…
Dos mensajes en el día de hoy:
a)Anuncio. Es un mensaje universal, para todas las naciones. Se trata de los tiempos mesiánicos, donde habrá paz y desarrollo (es una redundancia casi, porque San Pablo VI decía que el nombre de la paz hoy es desarrollo). Será un tiempo de justicia y dignidad.
Es una esperanza para nuestro mundo, con tanto conflicto (el papa Francisco habla de la Tercera Guerra Mundial, a trozos), tanta desigualdad, tanta indignidad: gasto creciente en armas, mentiras, abusos sobre los pueblos, desigualdad brutal, explotación de las personas…
b) Compromiso. Hay que caminar, esforzarse (buen momento para ser peregrinos), revestirse de Cristo, de la luz del Señor, de la fuerza sanadora del Evangelio. Hay que esforzarse y rechazar el mal cotidiano que nos rodea (por dentro y por fuera) y estar en vela, preparados, sacudirse el sueño.
Hay que despertar, que nos emboban con mentiras, con vidas ajenas televisadas, con deporte masivo, con vanalidades y escándalos…”hay que evadirse y relajarse”, proclaman. Al contrario: hay que espabilarse, que es muy tarde.
AL ALBA
Al alba suena la voz del heraldo:
“¡Basta ya de noche! Es hora de luz y de camino”.
¿Abrir los ojos? ¿Para ver… qué? ¿Dejar el suave calor de la cama?
¿Dejar atrás los sueños que liberan de las durezas y las caídas de la vida?
Pero…¿Quién me coge de las manos y me hace levantar?
¿Quién me viste y me pone los pies en movimiento?
¡Al camino, a las sendas del Señor, a la vida!
Ahí están los hombres, afanados:
fundiendo las armas para hacer arados;
convirtiendo los almacenes de armas en graneros y universidades;
transformando los capitales blanqueados
en depuradoras para el agua contaminada y plantas de reciclaje.
¡Una Humanidad en pie de paz,
constructora de caminos que llegan a todas las periferias
y llevan sanación y vida
a los humillados, los heridos, los olvidados!
¡Qué hermosa la mañana
en la que ando cogido de tu mano amiga,
en la que me abraza el Dios de la misericordia,
en la que la voz del heraldo no deja de impulsarnos!
¡Adelante, adelante, siempre adelante!
¡Hacia el alba de un mañana nuevo!
¡Hacia el alba!
Porque al alba llega, entre cánticos y fiesta,
la salvación.
UN REY EXTRAÑO
(Jesucristo, rey del Universo).
Lecturas.
II Samuel. Los libros de Samuel son una
reflexión sobre los lejanos tiempos de la monarquía (Saúl, David, Salomón…).
Recoge testimonios orales que van desde la aceptación al rechazo. El texto de
hoy nos muestra la unción de David como rey de Israel en Hebrón. Vemos cómo se
confirma que Dios elige a los pequeños para que lleven a cabo su misión. Así,
David es el menor de sus hermanos, un pastor… pero llega a ser jefe militar y
rey. Su reinado es promesa mesiánica de un rey que traerá justicia, amor y paz.
Slm 121. Proclama la alegría del creyente que
llega a Jerusalén, la ciudad sagrada, la manifestación del amor de Dios a su pueblo.
En Jerusalén está el palacio de David, la casa del Señor… El creyente desea la
paz a Jerusalén, la paz para todos…
Colosenses. La escribe un discípulo de san Pablo
hacia el año 80. Y es expresión de que hay cristianos de esas primeras
generaciones, seducidos por elementos extraños a la fe cristiana (brujería,
magia). En su vida diaria añadían ritos de purificación, fiestas especiales…Por
eso el texto de la carta se esfuerza en clarificar que Dios no es una fuerza
cósmica impersonal. Jesucristo es alguien especial: todo el Universo, todo lo
existente fue creado por él y para él, que es la cabeza de la Iglesia y el
primogénito entre los muertos (importante referencia para cerrar este mes de
oración por los difuntos). En él está toda la plenitud. Y en él se hace la paz
(tercera referencia en las lecturas) por la sangre de su cruz.
Lucas. El evangelio de san Lucas nos
recuerda el momento dramático de la crucifixión. En ella vemos el rechazo y la
burla de los magistrados (LA LEY), de los soldados (EL IMPERIO) y de uno de los
malhechores (¿ladrones, terroristas, resistentes?) (EL PUEBLO). Sin embargo
también vemos el acto de fe del que la tradición llama “el buen ladrón”, el que
en las horas finales de su vida reconoce al Mesías. Resulta que el Mesías prometido
en tiempos de David, el Mesías añorado durante generaciones por los peregrinos
que iban a Jerusalén, el Mesías al que algunos cristianos mezclan con fuerzas
cósmicas o con rituales tranquilizadores… es el Mesías del leño, de la cruz.
Así, mientras los conceptos humanos del Reino se refieren al
poder, al bien personal, al egoísmo… el Reino de Jesús es salvación y
misericordia: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, dice al “buen ladrón”.
El Reino de Dios es salvación para el hombre destrozado, no
solo en su cuerpo (azotes, cruz…) sino en su alma (el ladrón reconoce que su
vida ha sido un error, ha estado dedicada a hacer el mal, se ve abocado al
desastre, no solo con la muerte, sino con lo que haya más allá de la muerte –
“tu Reino”-)
UN REY EXTRAÑO.
Era un guiñapo humano,
situado, como corresponde a un rey
tan extraordinario y ridículo,
entre sus cortesanos: dos ladrones, dos asesinos, dos desechos humanos.
Todos nos reíamos de él:
los que lo habían condenado porque la maquinaria trituradora,
la maquinaria del poder había triunfado;
habían derrotado al profeta de Galilea.
Se acabaron sus cuentos y sus magias;
nosotros, los soldados,
nos reíamos de esas locas fantasías de los judíos:
¡Un rey! ¡El rey de los judíos!
Frente a Roma no caben reyes ni mesías:
la cruz es potente instrumento disuasor;
y al pertinaz, al terco le demuestran los límites humanos del dolor.
Y se reía uno de sus sangrantes cortesanos,
renegando de toda esperanza imposible.
Pero entonces habló el otro:
“Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”.
¿Qué reino esperas, pobre loco moribundo?
¿Quién es ahí el rey? ¿Ese profeta vencido,
ese amasijo de sangre y carne destrozada?
¿Confías en ese hombre
traicionado, olvidado, golpeado, vendido, traspasado de clavos?
¿Aguardas algo de quien está a las puertas de la oscuridad infinita?
Y entonces habló el rey, el extraño rey, el rey verdadero.
“Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
Sereno, vivo a pesar de la muerte que iba dominando su carne.
Vivo, más que todos nosotros,
porque tenía su palabra la fuerza de la vida, de otra vida, de otra realidad.
¡El Paraíso! Eso dijo.
Y en mi alma se hizo la primavera y la luz.
Entendí que el rey, el extraño rey crucificado,
no era un rey de poder, de dominio o terror.
Es rey de vida, de vida nueva y definitiva.
Y, sin que me vieran mis compañeros,
besé su cruz, por donde bajaba, suave, imparable, su sangre.
_________________________________________________
LA BARCA DE ZEBEDEO.
Fue una mañana,
cuando el sol despertaba en nuestros ojos.
Lo vi llegar
con paso firme,
acompañado con nuestros compañeros de trabajo Simón y Andrés.
Se detuvo ante nosotros y nos miró,
mientras repasábamos las redes.
Mis hijos le miraron,
con curiosidad.
Él nos miraba,
con un brillo indescriptible en los ojos.
Su mirada iba más allá de nuestra carne
y de nuestras manos agrietadas.
Seguidme -les dijo.
¿Seguirle?
¿Dónde?
¿Para qué?
¿Cuándo?
¿Ahora?
¿Y el trabajo? ¿Quién lo acabará?
Yo los mire, y vi en sus ojos
mil respuestas,
llenas de amaneceres,
de caminos
y sangre.
Vi en sus ojos el sosiego del caminante cansado,
que ha encontrado la fuente de agua que anelaba.
En sus ojos,
latía un fuego imparable,
un ansia que pugnaba por estallar y hacerse brinco y canto.
Sus ojos,
se derramaban alrededor de los pies de aquel hombre,
firmes, decididos a la marcha.
Supe su respuesta antes de que se pusieran en pie,
soltasen las redes
y se pusieran a su lado,
en un abrazo de fraternidad que abría un mundo nuevo.
Me dijeron algo,
serenos,
erguidos,
valientes.
Nos abrazamos.
Los jornaleros y yo seguimos en la barca,
mientras ellos se alejaban.
Él les hablaba
y ellos aprendían como un niño ante su maestro.
En la barca, las redes aguardaban.
Creo, que aquel hombre aprendió a pescar
en los mares turbios de las almas.
_________________________________________________
HABLA JUAN EL BAUTISTA.
Vino a mí, desde la verde campiña,
con paso firme,
con las mismas sandalias y el mismo cansancio que cualquier otro peregrino,
en medio del desierto.
Yo supe quién era,
lo supe siempre.
Se puso en la fila de los que venían a pedir perdón por su corazón errado.
Temblaba mi corazón cuando se acercaba.
¿Qué podía hacer yo?
¿Qué podía decirle al Cordero,
al que quita el pecado del mundo?
¿Por qué estaba en la fila, aguardando,
con el mismo cansancio,
pero distintos ojos que el resto de peregrinos?
Bautízame, Juan -me dijo.
Y una tormenta de alacranes
y mariposas turbias estalló en mí.
No podía hacerlo,
siendo yo el pecador y Él el enviado.
No quise hacerlo.
Pero tenía en su palabra un cincel que demolía todas las defensas.
Conviene hacerlo así.
¿Conviene?
¿Por qué conviene?
¿A quién le conviene?
Sordo, ciego, mudo,
sin saber nada,
lo bauticé.
Y cuando el cielo se abrió
y oímos aquella voz de truenos desatados,
comprendí que la luz iba a derramarse sobre el mundo desde ese momento.
Miré mis manos
como quien mira el paraíso.
Comprendí, entonces, mi destino y mi premio.
Y seguí bautizando mientras se alejaba.




































































































































































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